Periodismo de Guerra

Cuando el hambre cede: la misión siempre va primero

Los militares Coello y Arcos cuentan cómo la ración se adapta al ritmo del ejercicio

Ración de provisión de combate. Fuente: Aula news
Ración de provisión de combate. Fuente: Aula news
Bilal Amghar Bilal Amghar

El soldado Coello, de 22 años, y el cabo Arcos, de 27, conocen bien lo que significa vivir a contrarreloj. Tras la simulación de la Operación Seguridad Blanca, aprovechan cualquier instante para consumir su ración de combate sin perder de vista lo que ocurre a su alrededor. Ambos coinciden en una idea clara: la comida no es un lujo, es imprescindible. En plena misión, alimentarse se convierte en un factor esencial para sostener la resistencia física y mental.

En el Ejército, la hora de comer no se parece en nada a la de la vida civil. No es un momento largo ni relajado, sino una pausa breve, organizada y necesaria que permite continuar con la jornada. Durante ese tiempo, los militares reciben sus raciones dentro de un sistema completamente planificado.

No se trata solo de repartir comida, sino de asegurar que todos puedan reponer fuerzas en el momento adecuado. “Nosotros comemos cuando la ecuación lo permite”, explica el cabo Arcos. Sin embargo, esa pausa puede interrumpirse en cualquier momento: “Hay veces que nos tenemos que ir rápido, dejar de comer y volver al ejercicio. Luego, cuando tenemos otro rato libre, continuamos”, añade Coello. De este modo, la alimentación se adapta al ritmo del ejercicio y a las exigencias del momento, en un sistema donde cada pausa cuenta.

Los militares Coello y Arcos haciendo fuego. Fuente: Aula news
Los militares Coello y Arcos haciendo fuego. Fuente: Aula news

El tiempo manda en cada pausa

Para que este sistema funcione, la unidad de servicios desempeña un papel clave. Es la encargada de la organización interna y de coordinar tiempos, cantidades y distribución. No se trata únicamente de alimentar a los militares, sino de garantizar que cada uno disponga de la energía necesaria en el momento oportuno. Cada detalle está medido para que el proceso sea rápido y eficaz, especialmente en situaciones donde el tiempo es un recurso limitado.

Las diferencias entre la vida en base y las maniobras o despliegues son evidentes. En el cuartel, las condiciones son más estables y los horarios más previsibles. Sin embargo, en el terreno todo cambia. La alimentación deja de seguir una rutina fija y se adapta a las circunstancias del ejercicio. “No siempre comes igual ni en el mismo momento”, explican, reflejando ese entorno impredecible.

Alimentarse para Ressistir

En este contexto, el abastecimiento cobra un papel fundamental. La comida, ya sea en forma de ración o en bandeja, forma parte de un sistema más amplio en el que interviene la unidad de servicios, encargada de asegurar que nada falle. Tanto dentro como fuera del cuartel, la prioridad es que el suministro funcione correctamente y llegue a tiempo, sin importar las condiciones.

El desgaste físico también influye en cómo se percibe la alimentación. No es lo mismo consumir una ración tras horas de actividad intensa que en un momento de menor exigencia. El cansancio, el esfuerzo y la duración de las maniobras condicionan la forma en la que el cuerpo asimila la comida. Aun así, el objetivo sigue siendo el mismo: recuperar fuerzas para continuar.

Cabo Arcos abreindo una lata de atún. Fuente: Aula news
Cabo Arcos abriendo una lata de atún. Fuente: Aula news

Cuando la misión lo exige, comer pasa a un segundo plano. “Si estamos en combate o en un ejercicio, lo primero es continuar”, añade Coello. Esa capacidad de adaptación resulta clave en un entorno donde las prioridades pueden cambiar en cuestión de segundos y donde detenerse no siempre es una opción.

Para Coello, la ración de combate es clara: imprescindible. No es una cuestión de elección, sino de necesidad en contextos que pueden prolongarse durante horas o incluso días. “Trae lo justo y necesario para que el cuerpo siga trabajando”, afirma. “No estás comiendo de gala, pero tampoco te falta de nada: tiene todo lo necesario para sobrevivir”.

En el campo de maniobras, la alimentación deja de ser un acto cotidiano para convertirse en una herramienta más dentro de la actividad militar. Allí, donde cada decisión cuenta, comer no es el objetivo. Es el medio para poder seguir.

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Bilal Amghar

Me llamo Bilal Amghar, tengo 21 años y estudio en la Universidad Abat Oliba, donde actualmente estoy en tercer año de grado.He participado en dos emisiones del programa “Sentit de Viure” en RNE Cataluña, dirigido por Manel Domínguez, una experiencia que me acercó al mundo de la radio y reforzó mi interés por la comunicación. Me gustaría dedicarme al periodismo deportivo, especialmente a la transmisión de partidos de fútbol, un ámbito que me apasiona y en el que me gustaría desarrollar mi carrera profesional.