Confinamiento radical por los más mayores

David Cabrero a la izquiera junto al resto del personal confinado //Foto cedida
Javier Oliver Villalba Javier Oliver Villalba

Hace 35 días que el equipo de la Residencia San Jerónimo, en  Estella (Navarra), decidió enfrentarse al virus de una forma que ha suscitado el interés de gran parte del país. Un total de 15 trabajadores decidieron pasar la cuarentena junto a los 71 usuarios de este centro. David Cabrero es el tejemaneje de la iniciativa y el director de este hogar de la tercera edad, en el cual no se ha dado ningún caso de coronavirus. Recibe a AULANEWS por teléfono después de haber dirigido la sesión de gimnasia diaria.

Esta residencia privada sin ánimo de lucro (fundación) se ha sentido “respaldada por la Administración en todo momento”, manifiesta Cabrero. Para él, “hay que comprender la situación, por lo que antes de hacer crítica es mucho mejor sumar y arrimar el hombro”. El único problema real que han tenido ha sido con el abastecimiento de comida, pero lo han solventado contratando un servicio de catering privado.

Residencia San Jerónimo // Foto cedida

Realidad del colectivo

El de las personas mayores es el colectivo más vulnerable de la pandemia. En España hay 15.484 ancianos que han muerto en residencias con COVID-19 o síntomas compatibles con la enfermedad, la mayoría en Madrid, Cataluña, Castilla y León y Castilla-La Mancha.

Esta situación se vive con temor en las residencias para gente de la tercera edad. La falta de test provoca que muchas veces a ese temor se le sume la incertidumbre porque puede haber usuarios asintomáticos o cuadros gripales que podrían confundir la situación real. Eso podría provocar que cundiese el pánico.

No obstante, teniendo en cuenta este caso concreto, el paso que dio la residencia de San Jerónimo, es posible que, según David Cabrero, sea la mejor medida que se haya podido tomar porque es la que les ha “dictado el corazón”: confinarse con ellos.

Trabajadores y residentes

“Lo más duro es no poder estar con mi familia”, dice el director en clave negativa. Esta tristeza no la padece solo él, pues las personas mayores tampoco pueden recibir visitas. Sin embargo, han estado poniendo en práctica las videollamadas, cosa que para los usuarios, apunta Cabrero, “significa muchísimo”.

La respuesta de los familiares e internos ha sido una gratitud. El hecho de que la plantilla se haya reducido de 41 trabajadores a 15 “multiplica el trabajo”, pero eso se suple con la gratitud de los usuarios, que se “traduce en afecto” y el reconocimiento del valor por parte de las familias.

Muchos de los mayores de esta residencia padecen patologías cognitivas que les imposibilitan entender la realidad de la pandemia. Frente a esta, como en todos los lugares, hay ciertas medidas de prevención. Muchas son imposibles de llevar a cabo por este motivo. Sin embargo, el hecho de que no entre ni salga nadie consigue que no sean absolutamente necesarias: “En la residencia San Jerónimo vivimos como en cualquier hogar familiar porque los riesgos apenas existen”, recuerda el director de la residencia.

24 horas confinados

Cabrero explica que tras casi un mes encerrados han conseguido hacer del centro “su casa”. El miedo a que el virus entre en el interior ha desaparecido porque nadie se mueve del centro, pero “no hay que confiarse”, explica con seriedad. Esto se sobrelleva con facilidad porque tienen jardines amplios que les permiten pasear tranquilamente.

También intentan mantener la rutina que tenían antes. Desayunan, hacen clases de gimnasia,  actividades, comen, descansan y, como apunta Cabrero, «llega luego lo divertido a las 8 de la tarde”. Es cuando la residencia canta la simbólica canción ‘Resistiré’ y después con la música puesta bailan e intentan pasar “un rato agradable”.

El director asegura que el ambiente que se respira ahora no es el de antes: “Ese miedo que había al principio ha desaparecido y hemos conseguido estrechar lazos”. Explica que tanto las familias como los usuarios residentes les están muy agradecidos, a lo que este director responde en AULANEWS con total sinceridad que “es lo que el corazón les ha dictado”.

Javier Oliver Villalba

Un mallorquín en Barcelona. Futuro periodista y politólogo. Ganador de IX Premio Periodismo Alberta Giménez y XIV, XV Premio de Literatura Abat Oliba CEU. Busco el choque de las perspectivas y las realidades. Lejos que cualquier posición agradable, la contradicción nos abrirá las puertas de la verdad.