Confinados en un albergue de exclusión social

Patio de la Casa de Familia / Javier Oliver
Javier Oliver Villalba Javier Oliver Villalba

En la Casa de Familia, que está situada en el centro de Palma, Mallorca, conviven 154 personas. Andrés Fernández es uno de los directivos y coordinadores de la Fundación la Sapiencia, órgano del Consell de Mallorca que gestiona el albergue, y quien está viviendo el Estado de Alarma por el coronavirus y sus restricciones. Como bien dice él, desde la casa de acogida, es «una tarea que no es nada fácil».

Fernández cuenta la situación: «A pesar de que la Administración esté desbordada, cosa que nos hace vivir al día; que el espacio no sea el deseado porque dificulta mantener la distancia de seguridad, y de los problemas de convivencia, que por ahora son mínimos, conseguimos entre trabajadores y usuarios que la comunidad siga adelante».

Este gestor atiende a AULANEWS por teléfono durante el decimocuarto día de confinamento. Inevitablemente intercala la entrevista con el trabajo. Es un no parar. Justificando sus cortas ausencias con «un segundo», «ahora le atiendo», «discúlpeme un momento», «deme un minuto», se excusa para antender a las necesidades de los usuarios residentes del albergue.

Los internos

En la Casa de Familia hay personas con todo tipo de patologías: desde físicas a enfermedades mentales y demencias; también hay sintecho y usuarios exadictos al alcohol, las drogas, el juego, etcétera. Al tener sus necesidades básicas cubiertas -alimento, medicación y un servicio de enfermería-, los usuarios no tienen ninguna justificación para salir del centro.

«Cuando les dimos la noticia de que tenían que estar encerrados algunos residentes lo entendieron porque ven la televisión y están informados, pero para otros fue complicado porque padecen patologías mentales», recuerda Fernández. Al final se optó por poner un candado en la puerta y establecer un servicio de portería. De esta manera se consigue que nadie salga del centro.

Este coordinador revela que su mayor temor al principio eran los posibles «conflictos de convivencia». No obstante, sorprendido, explica: «Prácticamente no ha habido problemas entre ellos, el comportamiento que están teniendo es ejemplar».

Fernández manifiesta que lo único que no está al absoluto alcance de la dirección es que se mantenga la distancia de seguridad en el albergue: «Ten en cuenta que aquí viven 154 personas. Tenemos dos patios y una azotea, pero el espacio es limitado. Hay habitaciones individuales, pero hay quienes duermen en módulos con tres literas o tres camas bajas. Si la intimidad es poca, mantener la distancia de seguridad es extremadamente complicado. Ese ha sido para nosotros el principal problema».

Defensa contra el encierro

«El tabaco es un bien indispensable para que no se haga un motín», bromea el coordinador, pero a la vez revela su verdad cuando expone la cantidad de dinero que se han gastado en este bien tan preciado. «Eso ha sido fundamental para «relajar el ambiente y que se conformen», dice.

En su rutina han añadido talleres de relajación, una sala multiusos en la que proyectan películas, un hilo musical relajante en el patio central de la Casa de Familia y, de vez en cuando, se autoaplausan. Así, cambiando la rutina, intentan «mantener el ánimo lo mejor posible».

Ahora los roles dentro del albergue se han invertido.  «Antes, los que temíamos a contagiarnos éramos nosotros, los trabajadores. Sin embargo, tras ver que en el centro ningún residente padece síntomas que nos indiquen un posible contagio, somos nosotros quienes debemos extremar las precauciones para no traer el virus a la Casa de Familia», explica Fernández. La higiene y desinfección del personal es fundamental para que entren a trabajar cada día.

Conclusión del coordinador

No hay mal que por bien no venga, y así lo corrobora el entrevistado. Tras un silencio telefónico reflexivo, expone: «El hecho de que nuestra población les haya dado la espalda y les haya marginado les ha protegido. El apenas tener vida social y, en la mayoria de los casos, sufrir la soledad, les ha mantenido alejados del virus. Se está contagiando gente con una vida social muy intensa. Y no es el caso de nuestros residentes, que se rodean de la gente de la Casa de Familia».

Javier Oliver Villalba

Un mallorquín en Barcelona. Futuro periodista y politólogo. Ganador de IX Premio Periodismo Alberta Giménez y XIV, XV Premio de Literatura Abat Oliba CEU. Busco el choque de las perspectivas y las realidades. Lejos que cualquier posición agradable, la contradicción nos abrirá las puertas de la verdad.