El Lunes de Pascua amanece con escaparates llenos de chocolate en toda Cataluña, Valencia y Murcia. Figuras de colores, huevos brillantes y monas decoradas con las míticas plumas y sus pollitos compiten para captar la atención de padrinos y familias que, un año más, mantienen viva una de las tradiciones más dulces del calendario. Regalar la mona no es solo un gesto simbólico: es un ritual que marca el final de la Semana Santa. Pero, entre precios elevados, cada vez más consumidores se hacen la misma pregunta: ¿cuánto cuesta hoy mantener la tradición?
Este año, sin embargo, la fecha llega marcada por el contexto económico. La subida de precios en las materias primas como el cacao ha impactado directamente en el coste final de las monas. Desde el Gremi de Pastisseria de Barcelona han comunicado que muchos pasteleros intentan no subir demasiado los precios y prefieren ganar menos para no perder clientes. Aun así, esta situación acaba notándose en el bolsillo de las familias y está cambiando la forma de comprar sin dejar de lado la tradición. Cada vez más personas optan por las monas “low cost”, o más sencillas, que se pueden encontrar en los supermercados por precios inferiores a 30 euros.

Para entender cómo se vive este cambio desde dentro del obrador, en la pastelería Piella, de Cardedeu (Barcelona), su propietaria y pastelera Tania confirma el impacto directo del incremento de precios en las materias primas: “El precio del cacao se ha llegado a triplicar terriblemente durante estos últimos 2 años”. A este encarecimiento del producto se suma que el poder adquisitivo de muchos clientes no ha crecido al mismo ritmo, lo que ha obligado a los pasteleros a que hayan tenido que ajustar precios dejándoles escasos márgenes de beneficios por cada mona vendida.
Diferentes tipos de clientes
En esta situación se refleja también las decisiones de los consumidores. “Hay quienes compran sin problema, pero otros comparan precios antes de decidirse”, destaca Tania. En muchos casos, esto da una mayor presencia de opciones más económicas, como las de supermercado, que son los competidores directos de las pastelerías artesanales. Aun así, ella insiste en la diferencia de calidad: “Hay gente que sabe que las monas de los supermercados no son cacao al 100%, pero las compran porque es lo que se pueden permitir”, señala. Evidenciando como la tradición se sigue manteniendo, aunque cada vez más limitada por el precio.

Los datos reflejan también este cambio a la hora de consumir. El gasto medio por familia en las monas de Pascua se sitúa alrededor de los 34 euros. Aunque la demanda se mantiene, se observa una mayor preferencia por monas más sencillas o de menor tamaño, frente a las elaboraciones más complejas. Además, conviven dos tendencias claras entre los consumidores: quienes siguen apostando por las monas artesanales o de chocolate, yquienes optan por las alternativas más económicas. Así que más que desaparecer, la tradición parece adaptarse a un nuevo escenario marcado por el precio.
Basta preguntar para cinfirmar realidad. Álvaro Rodríguez, un cliente habitual cuando llegan estas fechas, explica que cada vez que se acerca la Semana Santa compara distintas opciones antes de tomar una decisión. De esta forma, puede encontrar en una pastelería una alternativa que mantenga lo artesanal sin que el precio se dispare, evitando recurrir al supermercado. Una acción que resume muy bien el momento actual.
