Diada

Sant Jordi, una contradicción que ya no tiene sentido

Esta festividad, que llena las calles, sigue encajada en un calendario que no refleja lo que realmente ocurre ese día

Parada de rosas durante la diada de Sant Jordi. Fuente: Maria Cusiné
Parada de rosas durante la diada de Sant Jordi. Fuente: Maria Cusiné
María Cusiné María Cusiné

Cada 23 de abril pasa lo mismo: calles llenas, librerías a rebosar y paradas de rosas en cada esquina. La gente sale, pasea, compra libros. Y, al mismo tiempo, hay clases normales y jornadas laborales como cualquier otro día. Es una contradicción bastante evidente.

En las aulas esta contradicción también se nota mucho. Cuesta seguir una clase cuando sabes que fuera está pasando todo. No es solo una cuestión de distracción, es que el día no está pensado para estar sentado escuchando. Da igual que se organicen actividades, no es lo mismo. Sant Jordi no se puede meter en un horario ni adaptar a una clase. Es un día para estar fuera, para moverse, para vivirlo. En el trabajo pasa algo parecido. La gente va con prisa, mirando el reloj, intentando encontrar un rato para salir, comprar una rosa o acercarse a alguna parada. Muchos acaban haciendo lo mínimo para poder escaparse un momento. Al final, ni se trabaja igual ni se disfruta del todo. Se queda en un punto intermedio que no tiene mucho sentido y que acaba desvirtuando el día.

Y lo más absurdo es que no estamos hablando de una fiesta cualquiera. Sant Jordi funciona solo. No necesita grandes actos ni que nadie lo empuje. Son libros, rosas y gente en la calle durante horas. Las ciudades cambian completamente: paradas por todas partes, autores firmando, librerías sacando los libros fuera, gente haciendo cola sin problema. Es un ambiente que dura todo el día, no un momento puntual ni algo que se concentre en un par de horas.

Casa Batlló. Fuente: Maria Cusiné
La Casa Batlló se engalonó para el  día de Sant Jordi. Fuente: Maria Cusiné

Además, es una fiesta en la que todo el mundo encaja. No va de ideologías ni de edades. Da igual cómo la vivas: siempre hay una forma de participar, ya sea comprando un libro, regalando una rosa o simplemente saliendo a pasear y disfrutar del ambiente. Es un día en el que la gente se apropia del espacio, sale sin obligación y participa porque quiere. Y eso es precisamente lo que la hace tan fuerte, porque nace de la gente y no de una organización. Por eso choca más que no sea festivo.

Porque sí lo es la Diada del 11 de septiembre, que tiene un peso histórico claro y una dimensión más institucional, pero que no siempre se vive con la misma naturalidad ni con la misma participación espontánea. Sant Jordi, en cambio, llena las calles sin necesidad de nada más, y lo hace de forma constante cada año, sin depender de convocatorias ni de estructuras oficiales.

Al final, lo que pasa es que intentamos encajar una fiesta que ocupa todo el día dentro de huecos libres. Entre clases, al salir del trabajo, a última hora cuando ya queda poco. Y así pierde parte de lo que la hace especial.No es solo una cuestión de tener un día libre. Es una cuestión de coherencia. Si todo el mundo está en la calle, el calendario debería reflejarlo.  Porque Sant Jordi no es un día cualquiera, aunque se siga tratando como si lo fuera.

María Cusiné

Hola, soy Maria Cusiné y estoy cursando el grado de Periodismo en la Universidad Abat Oliba CEU. Me interesa especialmente el mundo de la comunicación y la actualidad, con un enfoque particular en el periodismo deportivo y en la información relacionada con la música y la moda. Me apasionan el deporte, la música y la moda, y a través del periodismo me gusta analizar, investigar y contar historias que conecten estos intereses con la realidad social y mediática.