El arbitraje español ha perdido presencia en la élite internacional en los últimos años. La designación de árbitros para el Mundial de 2026 ha dejado un dato difícil de ignorar: España, una de las grandes potencias históricas del fútbol, estará representada por tan solo un colegiado principal: Alejandro Hernández Hernández
El árbitro canario será el único encargado de impartir justicia sobre el césped en la cita más importante y esperada cada cuatro años en el fútbol. A su lado, Carlos del Cerro Grande ejercerá en el VAR, mientras que Diego Sánchez y José Enrique Naranjo acudirán como asistentes. Cuatro nombres en total, pero solo uno con silbato en el campo. Demasiado poco para un país que presume de liga, talento y tradición.
Un reparto que llama la atención
El contraste es evidente. La FIFA ha elegido a 52 árbitros principales de 50 federaciones distintas bajo el criterio de “priorizar la calidad por encima de todo”. Nadie discute que el Mundial debe contar con los mejores. Sin embargo, la escasa presencia española en ese grupo invita a una reflexión incómoda: ¿ha perdido el arbitraje español peso en la élite internacional?.
Durante años, España ha sido referencia en muchas facetas del fútbol, con jugadores, entrenadores y clubes que han marcando una época. Sin embargo, el arbitraje ha quedado más al margen de ese protagonismo. La menor presencia de árbitros españoles en las grandes citas no se explica solo por el nivel individual, sino que apunta también a algo más amplio. Hay una tendencia clara: el arbitraje español ya no tiene la misma presencia ni el mismo peso internacional que tuvo en otras etapas.
El propio contexto nacional tampoco ayuda. En España, la figura del árbitro vive bajo una presión constante, cuestionada semana tras semana y envuelta en polémicas que muchas veces van más allá del propio juego. El ruido mediático, las críticas repetidas y la desconfianza que se ha instalado en torno al colectivo acaban afectando también a su imagen fuera del país. Y en un escenario como el de la FIFA, donde la credibilidad cuenta mucho, esa percepción termina pesando.
Menos presencia en la élite
Mientras otras federaciones han trabajado en la proyección internacional de sus colegiados, como en su presencia en competiciones UEFA y la construcción de perfiles sólidos y reconocibles, España se ha quedado a medio camino. No es casualidad que solo uno haya logrado entrar entre los elegidos para dirigir partidos en la gran cita.
La presencia de Del Cerro Grande en el VAR, refuerza otra idea: el arbitraje español se está moviendo hacia un papel más técnico y menos visible. Es una adaptación a los nuevos tiempos, sí, pero también una pérdida de protagonismo en el terreno de juego, dónde realmente se gana autoridad.
Este escenario debería servir para una autocrítica necesaria. No se trata de cuestionar la elección de la FIFA ni de caer en planteamientos simples. Se trata de entender por qué un país con el peso futbolístico de España no consigue llevar esa influencia al arbitraje internacional.

Quizá ha llegado el momento de replantear el modelo, reforzar la formación, proteger más la figura del árbitro y recuperar parte del respeto perdido. Porque sin árbitros fuertes, el fútbol pierde equilibrio. Y sin presencia en los grandes escenarios, también pierde influencia. España sigue siendo una potencia futbolística. Pero en el arbitraje, hoy por hoy, su papel es claramente menor.
