24 horas encerrados en casa

Alejandro Villalba con sus 4 hijos /Foto de familia
Javier Oliver Villalba Javier Oliver Villalba

El presente artículo trata de dar voz a las situaciones de algunos ciudadanos que viven confinados. La cuarentena no se percibe igual en todos los hogares. Hay situaciones opuestas y relatos que exponen una visión particular desde cada una de las casas del país. Entendiendo que cada persona y cada familia es un mundo, en AULA NEWS hemos buscado situaciones que pueden acercarnos más a unas realidades que, sí o sí, en algunos de los casos, ayudarán a comprender cómo viven desde algunas estructuras familiares el confinamiento por la Covid-19.

Custodia compartida

Alejandro Villalba con sus 4 hijos.

Alejandro Villalba es un padre divorciado de 4 hijos. Dos de ellos rozan los 30, pero los más pequeños, que los tuvo en su segundo matrimonio, son gemelos y tienen 12 años.

La custodia compartida en tiempos de cuarentena es algo «complejo». Está el factor legal -que por regla general, según el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, «tendrán que seguir cumpliéndose los acuerdos originales»-, pero lo más importante es la voluntad de los padres. En este caso, AVillalba lo tiene claro: «Estaría dispuesto a renunciar a ver a mis hijos con tal de no arriesgarnos. La salud es, y será, lo primero».

«Ahora están una semana en mi casa y otra en la de mi exmujer», explica este padre. El problema es que no es lo mismo vivir en una casa con skatepark, camas elásticas, pimpón, campo de fútbol, como es el caso de Villalba, que hacerlo en un piso en el centro de la ciudad, como el de su exmujer.

En cuanto a la rutina diaria, apunta que «los niños tienen la gran suerte de mantener el horario lectivo con normalidad. Tienen clase virtual de 9 a 11 horas, después media hora de patio; de 11.30 a 13.30 vuelven al ‘aula’; luego, comen, y de 15 a 17 horas siguen con las clases. Después, ya, libre: eso les mantiene ocupados».

Este padre hace hincapié en que «lo más importante» es que sus hijos no se contagien, por eso antepone su salud a que «el régimen regular de visitas se cumpla».

Custodia por 4

Cristina Tàpies y Andreu Font con sus hijos.

Cristina Tàpies y Andreu Font tienen 39 años y 4 hijos de 2,5,7 y 11. Ambos comprenden que es una gran suerte que «se tengan los unos a los otros». «Todos, menos Guim (el menor), entienden que está ocurriendo algo que no es común», explica la madre dando a entender el cómo sus hijos justifican el confinamiento.

Por otra parte, tienen «otra gran suerte» y es que viven en una finca familiar. Eso significa que la «multitud de espacios hacen más pasable el encierro». También, al vivir en el ático, tienen una azotea que a su vez es terraza, en la que «pueden jugar y que les dé el aire».

Van a un colegio de «formación no tradicional», como lo definen ellos, y no tienen clases virtuales, pero sí ejercicios recomendados que les ocupa parte del día y cumplen sin agobios.

Cristina Tàpies da una clave: «Que se lo tomen de una forma u otra depende del carácter». Por ejemplo, el hijo de 5 años que «es el más sociable» no pudo celebrar su cumpleaños y eso le disgustó; la mayor, Laia, se conforma con ver a sus «amigas por Skype», y Burel, de 7, echa de menos a sus amigos y espera «poder verlos lo antes posible».

Vejez, soledad y aceptación

Raquel Serrato (derecha) con su familia.

Raquel Serrato tiene 89 años, hace 30 que es viuda y vive sola. Se define como una mujer «fuerte, decidida y feliz por la vida que ha tenido». Tiene hijos y nietos, quienes en tiempos normales monopolizan su vida social porque ya no le quedan «amigas con vida», como dice.

«En realidad el confinamiento tampoco ha cambiado tanto mi rutina. Mi día a día lleva siendo el mismo desde hace mucho tiempo», cuenta Serrato. Lo que hace cada día es ir a comprar el periódico y algo de comida.

A lo que realmente teme esta mujer mayor es que su «familia no esté sana y les pueda pasar algo». Por otra parte, considera que «si fuese joven me preocuparía el mundo, pero a estas alturas… ¡qué quiere que le diga!».

A ella le preocupa formar parte del colectivo más vulnerable de la pandemia y le inquieta todavía más el «tener que salir de casa sí o sí por el hecho de vivir sola y tener que alimientarse». No obstante, en clave positiva, asegura que, en estos tiempos «ser mayor es una ventaja porque percibe una voluntad inmensa de ser ayudada».

Juventud, ‘soledad’ y oportunidades

Jose Rosselló en uno de los días previos al confinamiento.

 

José Roselló tiene 23 años y estudia Finanzas, Banca y Seguros en la Universidad Complutense de Madrid. Es mallorquín y el coronavirus le ha sorprendido lejos de su familia y en la comunidad con más casos. Vive solo en un estudio del centro y hace 14 días que no  habla cara a cara con ningún ser querido.

No obstante, comprende esta situación como algo positivo. «En las épocas de crisis es cuando podemos dar lo mejor de nosotros mismos. No me quedo parado ni un momento y esto es potencialmente positivo para mi crecimiento profesional y personal», afirma Roselló.

La soledad no es un problema para él. Asegura que está todo el día en «contacto digital con los suyos», por esa parte tiene las relaciones sociales cubiertas. Sabe que están bien y eso es lo que le «importa de verdad».

Lo que más le preocupa es contagiarse y la recesión económica. En cuanto a lo primero, está «plenamente concienciado». En cuanto a lo segundo, «nada está a mi alcance» y sufre por su familia, dedicada al negocio turístico.

Este joven emprendedor tiene dos ilusiones para cuando esto termine: «Salir de fiesta con mis amigos, pero sobre todo recuperar la rutina que tenía cuando la palabra coronavirus no existía».

Javier Oliver Villalba

Un mallorquín en Barcelona. Futuro periodista y politólogo. Ganador de IX Premio Periodismo Alberta Giménez y XIV, XV Premio de Literatura Abat Oliba CEU. Busco el choque de las perspectivas y las realidades. Lejos que cualquier posición agradable, la contradicción nos abrirá las puertas de la verdad.