Eurovisión

El reto de Blas en Róterdam

El cantante murciano y RTVE se enfrentan un año más al exigente público del festival musical más importante del mundo

Fotografía de Blas Cantó durante la gala de preselección de Eurovisión
Blas Cantó interpretó «Voy a quedarme» en «Destino Eurovisión», la canción que nos representará en mayo en Róterdam / RTVE
Lara Ballesteros Lara Ballesteros

Por todos es sabido que el Festival de Eurovisión nunca nos ha brindado resultados de los que presumir en este último siglo (que me perdonen Ruth Lorenzo y Pastora Soler). A diferencia de otros países, como Suecia con su Melodifestivalen o Italia con el Festival de San Remo como preselección, muchos de nuestros artistas nacionales le temen a participar y ponen en duda su prestigio. Desgraciadamente, ya nos hemos acostumbrado a las malas posiciones y a los muchos memes en redes sociales. Los optimistas le llaman “ganar por la cola”.

Ni formar parte del codiciado Big Five —grupo de los cinco países que más dinero aportan a la Unidad Europea de Radiodifusión y que pasan directamente a la final— nos ha servido de empujón para demostrar que realmente merecemos estar entre los mejores. Parece mentira que nuestra última victoria fuera antes de que el hombre llegase a la luna.

Una preselección floja

Todo esto no es por culpa de nuestros cantantes quienes, por lo general, merecen los 12 puntos en Eurovisión y un premio de consolación por haber dado la cara ante la dudosa competencia de RTVE. Esta es quien maneja principalmente los hilos y a la misma a la que, de vez en cuando, se le enredan. Para empezar, en las preselecciones, las cuales suelen ser flojas y con escasa promoción. Sin ir más lejos, la última de ellas, donde el público eligió la canción “Voy a quedarme” del cantante murciano Blas Cantó, como nuestra baza en el festival que se celebrará en Róterdam, y donde la producción de la gala fue un caos merecedor de un Oscar. Planos dobles mal ejecutados, los coros por encima de la voz principal y, lo peor de todo, el relleno de actuaciones.

Cierto es que fue una gala muy emotiva y donde pudimos conocer un poco más al murciano que nos representará el próximo mes de mayo en Eurovisión, pero ¿realmente fueron necesarias casi tres horas? Si RTVE hubiera querido más audiencia, como cuando se hizo la preselección a través de Operación Triunfo los dos años anteriores, esta hubiera empezado por anunciar la publicación de las canciones candidatas en redes sociales a horas decentes y no de madrugada. Por otro lado, referente a la ejecución en directo del tema ganador en La 1, en temas de ‘attrezzo’ y de escenografía, el concepto estaba. Nos faltó algún plano más detalle de Blas, un mejor calibre del sonido y un poco más de epicidad. Eso sí, el ‘acapella’ del principio, un acierto.

El gran reto escenográfico

Si nos centramos ahora en la realización en la gran final, España sigue dejándonos con la miel en los labios año tras año. En las más recientes puestas en escena intuimos una ligera intención de mejora. sin embargo, seguimos estando muy lejos de nuestro potencial y de nuestros competidores. En el año 2019 el equipo de RTVE decidió montar una estantería enorme sobre el escenario, además de un muñeco-robot con cuerdas que se paseaba de un lado a otro para ilustrar “La venda” de Miki. No estuvo mal como concepto, pero la posición número 22 fue lo máximo a lo que pudimos aspirar. Lo mismo con Edurne en 2015 o con Barei al año siguiente. El cambio de vestido antes de las estrofas finales o la falsa caída en negro fueron genialidades con las cuales volvimos a quedar por la cola.

Imagen de Miki Núñez frente a una estantería gigante blanca y un fondo de colores cantando "La venda" en el Festival de Eurovisión 2019
Miki Núñez frente a una estantería gigante blanca y un fondo de colores cantando «La venda» en el Festival de Eurovisión 2019/ ESC

Pero entonces, ¿cuál es la clave para ganar Eurovisión? Dejando de lado la clásica jugada de los países vecinos votándose entre ellos, si hay algo que está claro es que lo diferente siempre vence. Y con “diferente” no nos referimos a aquello que más suena en las radios de los respectivos países o que lleva más pirotecnia al escenario. El claro ejemplo, Salvador Sobral en el año 2017 con “Amar pelos dois”, que dejó a Europa entera y Australia embobadas frente al Televisor. Gracias a aquella preciosa balada —de las pocas aquel año— Portugal se alzó por primera vez en la historia con el micrófono de cristal.

Fotografía de Salvador Sobral interpretando "Amar pelos dois" en el Festival de Eurovisión 2017
Salvador Sobral interpretando «Amar pelos dois» en el Festival de Eurovisión 2017/ ESC

La misma carta jugó Jamala en 2016. “1944” hablaba sobre la deportación de los tártaros a Crimea durante la década de los 40 por la Unión Soviética a manos de Stalin. El tema dio mucho que hablar por su mensaje y la también participación de Rusia en Eurovisión. Si era lo que buscaban, lo lograron con creces.

Hay que ser diferente

Muy distinto a ello, pero con igual resultado, fueron las apuestas de Austria en 2014, Suecia en 2015 e Israel en 2018. Conchita Wurst se alzó como un ave con “Rise like a Phoenix” y demostró una vez más que el mundo de la música no entiende de prejuicios. Wurst lució un destellante vestido largo y su característica barba. Por su parte, Mans Zelmerlow no estuvo solo sobre el escenario en Viena. El sueco estuvo acompañado de hologramas de pequeños muñecos en 3D que danzaban junto a él en “Héroes”. Esta destacó por ser una canción pegadiza, pero a la que supieron cómo darle un toque especial ante las cámaras. Por último, lo de Netta sobre el escenario fue rompedor. Estanterías con gatos asiáticos de la suerte, sus característicos moños y vestimenta e, incluso, el sonido pegadizo de la gallina como parte en la melodía.

Fotografía de Netta interpretando "Toy" en el Festival de 2018
Netta interpretando «Toy» en el Festival de 2018/ ESC

La misma receta diferenciadora encontramos en temas como “Euphoria” de Loreen en 2012 por Suecia o la mítica “Hard Rock Hallelujah” en 2006 de Finlandia. La primera ya se posicionaba como ganadora mucho antes de la final. En el caso de Lordi, el grupo dejó al público perplejo, ya que trajo monstruos sobre el escenario. Sin embargo, por el festival musical más grande del mundo han pasado otros temas que también han estado a punto de alcanzar la gloria y que han quedado grabados en la memoria de los eurofans. Las adorables abuelas rusas que hornearon pan en pleno ‘prime time’ en 2012 son un claro ejemplo. También lo fue Eleni Foureira con la apoteósica coreografía de “Fuego” en 2018 o «Soldi» en 2019. Estas fueron merecidas subcampeonas.

Imagen de Loreen interpretando "Euphoria" en el Festival de 2012
Imagen de Loreen interpretando «Euphoria» en el Festival de 2012/ ESC

En conclusión, Televisión Española debería ponerse las pilas en todos los aspectos que conciernen Eurovisión. Desde preselecciones mucho más meditadas y meticulosamente cuidadas, hasta puestas en escena que queden grabadas en la retina del ojo espectador, ya sea para bien o para mal. El festival es cada vez más un escaparate para el espectáculo y el experimento y deberíamos hacer uso de nuestras capacidades creativas. El “La, la, la” de Massiel se nos está empezando a quedar anticuado como himno. Por lo menos, si no lo logramos, siempre nos quedará Eurojunior.

Lara Ballesteros

Periodista joven con mucha vocación, capacidad de trabajo y dedicación. Amante del mundo de la comunicación las Redes sociales, el deporte y la escritura.