La Real Sociedad levantó la Copa del Rey 2026 desde un territorio mucho menos vistoso que el talento puro: la resistencia. Aguantar, recomponerse y volver a levantarse fue su hoja de ruta ante un Atlético de Madrid que no puso las cosas fáciles. Al final los penaltis decidieron tras acabar el partido 2 a 2 y no moverse el marcador en la prórroga.
Gol tempranero y reacción inmediata
El guion esperado del partido se desmoronó nada más empezar el encuentro. Un cabezazo de Barrenetxea abrió el marcador en el segundo 17, en una jugada aparentemente sin mucho peligro, derivada de un centro lateral de Guedes. En consecuencia, el Atlético se vio obligado a reaccionar lo antes posible para volver a empezar. Y lo consiguió 17 minutos después, a través del jugador más peligroso durante la primera mitad del conjunto colchonero, Ademola Lookman. La mayoría de los ataques del Atlético durante los primeros 45 minutos se generaban desde la banda del extremo nigeriano, cuyo desborde obligó a Jon Aramburu a sacar su mejor faceta defensiva para tratar de frenarlo.
Con el empate en el marcador, el conjunto txuri-urdin cogió la iniciativa, tomó el control del partido y, poco a poco, volvió a acercarse a la portería defendida por Juan Musso, quien provocó un penalti al chocar sus puños contra la cabeza de Guedes en la salida a un centro lateral, casi al filo del descanso. Penalti que fue transformado por el especialista y capitán del equipo donostiarra, Mikel Oyarzabal, dejando nuevamente por delante a su equipo antes del descanso.
La segunda mitad empezó con el Atlético tomando la iniciativa pero, aun dominando la posesión, no consiguió tener la eficacia necesaria para lograr el empate. A diferencia de la primera mitad, la segunda comenzó sin ocasiones claras para ninguno de los equipos. Los rojiblancos intentaron crear oportunidades, pero no lo lograron debido al gran nivel defensivo de la Real. No obstante, ese nivel defensivo también se tradujo en una falta de presencia ofensiva sobre la portería de Musso.
Ajustes tácticos opuestos
Los cambios por parte de la Real fueron defensivos, retirando a los jugadores con mayor capacidad de ataque para dar entrada a piezas más conservadoras: Barrenetxea, Guedes y Oyarzabal fueron sustituidos por Aihen Muñoz, Pablo Marín y Orri Óskarsson. Por otro lado, las indicaciones fueron las opuestas: ir con todo al ataque. Los cambios realizados por Simeone fueron ofensivos, dando entrada a jugadores como Alexander Sørloth, Álex Baena y Thiago Almada.
En consecuencia, el equipo madrileño se volcó hacia la portería de Marrero hasta obtener la recompensa en el minuto 83, tras un gran gol del delantero estrella del Atlético, Julián Álvarez. Este tanto supuso el empate a 7 minutos del final del partido, un golpe duro emocionalmente para los donostiarras, que se vieron inferiores en el tramo final del encuentro, permitiendo a los colchoneros tener hasta dos ocasiones claras de gol, desaprovechadas por Johnny Cardoso y Álex Baena. Finalmente, el partido se fue a la prórroga con empate en el marcador (2-2).
Prorroga y penaltis
La prórroga se caracterizó por la ausencia de ocasiones claras debido al cansancio de la mayoría de los jugadores. El Atlético intentó llegar con peligro a través de desmarques puntuales de Sørloth, pero la sólida defensa de la Real lo impidió. Sin embargo, fueron los donostiarras quienes hicieron más daño cuando lograron acercarse, aunque fue en pocas ocasiones hasta que el colegiado decidió poner fin a la prórroga y que el punto de penalti decidiese el campeón.
Ambos equipos se reunieron en piña para recibir las indicaciones de sus entrenadores. Si la Real ganaba, levantaría la copa cinco años después de su último título frente a su eterno rival, el Athletic Club. Por su parte, si el Atlético vencía, la conquistaría 13 años después.
Una tanda de penaltis que tuvo un héroe destacado: Unai Marrero. El guardameta blanquiazul hizo que la Real Sociedad ganara la cuarta Copa del Rey de su historia. Un trofeo más que merecido por todo el trabajo y esfuerzo desplegado durante los 120 minutos, resistiendo y compitiendo de tú a tú frente a un Atlético de Madrid, club con mayor potencial económico y una plantilla de mayor calidad individual. El conjunto vasco demostró que el compromiso colectivo, la disciplina táctica y la fortaleza mental pueden equilibrar cualquier diferencia presupuestaria, firmando una victoria que trasciende el resultado y refuerza el valor de un proyecto construido desde la constancia y la identidad.
Dedicatoria especial

