Viajes realmente salvajes

Viajes realmente salvajes

Cada año millones de turistas escogen destinos para realizar actividades junto a animales sin conocer el maltrato que hay en estos negocios

Viajar es sinónimo de aprender, crecer y disfrutar. Cualquiera que sea el destino escogido para visitar durante las vacaciones, hay que procurar que en la maleta no se lleve ninguna dosis de maltrato animal. Los paseos a lomos de un elefante o los selfies con un tigre en Tailandia son actividades que atraen al público por el contacto cercano que se puede tener con los animales salvajes. Para los humanos resulta una experiencia inolvidable, pero para ellos significa una vida de esclavitud.

Hay muchos ejemplos de turismo poco ético. La Universidad de Oxford elaboró en 2016 un estudio sobre la Conservación de la Vida Salvaje que destacaba que «tres de cada cuatro atracciones turísticas con vida silvestre suponen algún tipo de abuso sobre los animales». Y añadía que «110 millones de personas visitan anualmente recintos en los que se produce un trato cruel a los animales silvestres». Sin embargo, muchos de los turistas no son conscientes del daño que sufren los animales.

Montar en elefante

Los paquidermos son animales grandes y fuertes, pero no significa que sean aptos para subirse encima de ellos. Es frecuente que en estos paseos a lomos del elefante vayan dos personas sentadas en una montura, aparte del domador, por lo que el animal sufre lesiones en su columna vertebral.

De la misma manera, los elefantes no necesitan pintar un cuadro, jugar con un balón o bañarse acompañados del ser humano. Estas prácticas solo se consiguen enseñando al animal a base de palos. Los latigazos y golpes con barras de hierro puntiagudas son herramientas frecuentes con las que les educan en el miedo hacia sus amos.

Paseo turístico a lomos de un elefante // AulaNews

Paseo turístico a lomos de un elefante // AulaNews

Posar con tigres

Un animal salvaje carnívoro de 250 kilogramos nunca aceptaría a hacerse una fotografía junto a un ser humano en su hábitat natural. Estos felinos son separados de sus madres cuando son cachorros para usarse como modelos toda su vida. Durante el periodo de lactancia, los visitantes son los que les alimentan con un biberón. Cuando crecen, se les hace pasar por una operación dolorosa que se llama desunglación, en la que les extirpan las garras. Y durante el resto de su vida, los animales pasan las jornadas drogados para evitar que ataquen a los turistas. Además, el vivir encarcelados les provoca altos niveles de estrés, problemas de espalda, carencias alimenticias y varias enfermedades.

Exhibición de monos

Muchas especies de primates se utilizan para entretener en las calles. En Tailandia, los macacos son obligados a ofrecer espectáculos durante todo el día. Desde jóvenes, son entrenados de forma agresiva y dolorosa para hacerles poner de pie, comportarse y parecer más humanos. Encadenados con frecuencia con una argolla al cuello, los monos trepan a los hombros de los turistas para ser fotografiados a cambio de una propina para los dueños. Fuera de la «jornada laboral», estos animales permanecen en pequeñas jaulas donde no pueden moverse.

Lo mismo sucede con las funciones de los encantadores de serpientes. Las cobras son capturadas en la naturaleza y se les extraen los colmillos con pinzas metálicas para bloquear sus conductos de veneno, a menudo con equipos no desinfectados.

Cafeterías de búhos

La práctica de desayunar o merendar junto a animales parece a priori inofensiva. En Japón, estos locales son cada vez más populares: un claro ejemplo son las cafeterías de búhos. Allí los comensales disfrutan de un tentempié a la vez que acarician a estos animales.

Sin embargo, el búho es un animal nocturno, y pasar el día entero siendo acariciado afecta a su carácter, ciclo de sueño y alimentación. Además, como en otros lugares que utilizan aves como atracción turística, se les practica una alectomía, que consiste en la extirpación de las falanges de sus alas para evitar que se escapen volando.

Entretenimiento con cetáceos

Millones de turistas visitan lugares donde poder disfrutar de un baño rodeados de delfines, orcas o belugas. A estos animales se les obliga a hacer trucos a cambio de raciones de pescado. Este hecho les provoca estrés y en ocasiones les vuelve agresivos, por lo que pueden morir de úlceras estomacales prematuramente. En muchas ocasiones se capturan ilegalmente en Rusia o Japón desde donde se distribuyen a todo el planeta.

Otra práctica habitual es nadar con el majestuoso tiburón ballena. Muchas veces se trata de una actividad no controlada y en consecuencia el animal recibe golpes, cortes, y sufren estrés e incluso infecciones por las cremas solares. E incluso pueden llegar a variar o anular su ruta migratoria.

Delfines durante un espectáculo

Delfines realizando un espectáculo con la participación de una turista // Krzysztof Kowalik de Freestock

Alimentar a peces

En el sudeste asiático cada vez es más común el feeding. Esta práctica consiste en dejar comida en las playas de aguas cristalinas para atraer a cientos de peces. Los turistas disfrutan tomando fotografías y los animales aprovechan para empacharse. El problema viene a raíz de que los peces se acostumbran y modifican sus hábitos alimenticios. Este cambio se traduce en enfermedades y en que cada vez que escuchen el sonido de la hélice de un barco esperando un banquete, se acerquen demasiado y mueran.

Tocar estrellas de mar

Cada vez son más las personas que son conscientes de que si se saca una estrella de mar fuera del agua, ésta muere asfixiada. Pero lo que pocos conocen es que los asteroideos son animales que poseen un sistema nervioso muy básico y son altamente sensibles a cualquier tipo de manipulación. El simple hecho de tocarlos les puede provocar una subida de ácido láctico que acabe con su vida en pocos minutos. La mejor manera de llevarse un recuerdo de ellos es sumergirse con una cámara acuática y posar a su lado sin establecer contacto físico.

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